miércoles, 1 de agosto de 2012

Flotando

Los brazos eran agitados frenéticamente en el aire. Los gritos nacían del más profundo rincón de las cuerdas vocales y se transformaban en eco, se reproducían. La coreografía montada por aquellos cincuenta y cinco extraños era majestuosa,  casi impecable. Los lentos movimientos invitaban a unirse al grupo.

Cinco minutos que parecieron durar una eternidad. Por fin cayó sobre una gran piedra el autobús que había desbarrancado de la autopista.

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