Los brazos eran agitados frenéticamente en el aire. Los gritos nacían del más profundo rincón de las cuerdas vocales y se transformaban en eco, se reproducían. La coreografía montada por aquellos cincuenta y cinco extraños era majestuosa, casi impecable. Los lentos movimientos invitaban a unirse al grupo.
Cinco minutos que parecieron durar una eternidad. Por fin cayó sobre una gran piedra el autobús que había desbarrancado de la autopista.
Cinco minutos que parecieron durar una eternidad. Por fin cayó sobre una gran piedra el autobús que había desbarrancado de la autopista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario