miércoles, 24 de abril de 2013

Vivir


Tres pasos. Sólo tres ínfimos pasos los separaban, simular que no se veían sería una estupidez. Él, corroído por el transcurso del tiempo, mantenía sus ojos fijos en los de ella. La voz casi imperceptible de la secretaría llamó, el cincuenta y dos debía pasar. Ella tenía el cincuenta y dos, él también. Ocurrió un error -sentenció la ineficaz mujer- ¿Cuál de los dos va a pasar primero? ¿Usted Señora? ¿Señor? Ninguno contestó. Salieron.
La embriagada voz de Amy sonaba en la radio del bar al que decidieron entrar. Se contemplaron intensamente. No se atrevían a interrumpir el silencio. Él tartamudeo, no podía empezar. Ella se dio cuenta.

-Yo…
-Vos,
-Nosotros…
-¿El doctor Ramírez…?
-Sí. ¿También es el tuyo?
-Sí.
-Parecíamos tan sanos.
-Éramos.
-¿En dónde ten…?

Eso ya no tenía importancia. Después de veinte años el cáncer los reunía en la sala de espera del oncólogo en común. 

miércoles, 10 de abril de 2013

Hambre

Moscas,
larvas,
Carne en descomposición.
Ahí estaba el cadáver escuálido, 
tirado en el piso de la cocina. 
Blanco,
profundamente blanco. 
Consumido,
enjuto, 
tieso, 
sólo huesos,
un montículo putrefacto. 
En la pared, 
frente a la heladera vacía, 
había escrito antes de caer de bruces al suelo

“prefiero morir de hambre que volver a engordar”