martes, 25 de diciembre de 2012

Horizonte


Soles pirómanos en el desierto,
intrépidos pájaros  carroñeros,
espejismos por sueños encubiertos,
un extenso camino insincero.

Caminaron a través del infierno.
Con sangre y dolor fueron primeros
en llegar a la cima del destierro.
Recibieron pesares insinceros.

Encerrados en ataúdes de hierro
allí sus sentimientos efímeros.
Pues señoras y señores al cielo,
todos los demás a los sumideros.

Erráticos besos en sus inviernos
más poderosos que tal monedero,
Polémicos versos en los encierros
revelaban amores verdaderos.

Vuela en el horizonte incierto
una corneja de buenos agüeros,
ya no serán perseguidos como ciervos
por ocultos amores verdaderos.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Ruptura


Después de insultarse mutuamente, ella cerró la puerta y se marchó para siempre. Él, tan insulso como de costumbre, le rogaba arrodillado a la estela de perfume que marcaba el fin de aquella historia y terminaba en el ascensor del noveno piso. Entre lágrimas poco sentidas y mocos abundantes, el pobre diablo pensaba que ya nada era mínimamente importante, que no quería seguir viviendo sin ella, que necesitaba morir para olvidarla. Se levantó, buscó en el cajón inferior de un mueble un anotador que había comprado para su ahora ex novia y allí mismo comenzó a redactar cartas de despedida para amigos, familiares y para la mismísima ingrata.
Consumió dos paquetes de café instantáneo, y después de pasar la madrugada entera sin dormir, dejó sobre la mesa quince hojas que había tomado de la impresora que ella odiaba porque imprimía solo rayitas, por la cual siempre acababan yendo a una librería; con ropa sin planchar se vistió desgarbadamente y bajó. Caminando tropezó con un perro que agonizaba ante la indiferencia de todos en plena calle. A lo largo de las treinta cuadras que lo separaban de la solución a su miserable y asquerosa vida deseó con fehacientes ganas ser aquel paupérrimo animal y poder abandonar así este desagradable mundo en el que le había tocado vivir.
En el trayecto final vio como frente a un hospital público bajaban de una ambulancia un cadáver. Finalmente entró en una ferretería en donde nadie lo conocía, y realizó sus compras. Una soga, una escalera y veneno para ratas. Pagó con su tarjeta de crédito y se despidió amablemente, esta vez decidió volver a su departamento tomando otro camino ya que había leído que cambiar abruptamente de costumbres rutinarias era castigado por el karma. Tal vez algún descuidado conductor lo arrollaría y entonces él no tendría que recurrir al suicidio. Desafortunadamente ningún auto lo mató, de hecho casi no transitaban vehículos por aquella zona.
Sentada en la vereda de un bar estaba ella, y un hombre mil veces más apuesto que él la acompañaba. Sintió ganas de cruzar y golpear al tipo, pero no creía poder ganarle, por lo que simplemente continúo su marcha, ya tendrían tristes noticias sobre él. Mientras se imaginaba flotando sin vida en el río, ingreso en el oscuro puente. La ausencia de luz lo asustó un poco, pero el revólver que alguien que salía desde las sombras puso en su espalda definitivamente lo paralizó. Paradójicamente le rezaba a dios y le pedía que no lo mataran.
El ladrón le quitó violentamente los insumos que él iba a utilizar para quitarse la vida, le pegó con el arma en la cabeza y una vez que cayó inconsciente al suelo, lo tiró en las verdosas aguas del río de la ciudad. Muchos pensaron que quizás herido por la ruptura amorosa él había decidido morir ahogado, nadie supo que un ladrón anónimo lo había hecho volver atrás en sus suicidas decisiones. Desafortunadamente el ladrón desconocía las intenciones de él.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Liberar

Rostros incesantemente confusos
buscaban llevarlo al precipicio.
En la sombría cárcel del prejuicio
moralistas lo deseaban recluso.
***
Amar no debía el fugaz obtuso,
encarnaba aquel viles sacrilegio
mas nadie entendía tal misterio,
pues no era de hombres decentes ese uso.
***
Como vil regurgitación difusa,
así anormales en el estadio.
Como viles gametos invertidos,
así prodigiosas mentes ilusas.
***
Extraños ojos marrones intrusos,
negra su cabellera con repudio,
ideas libres dentro del emporio,
Reo contra argumentos inconclusos.
***
Cruentas batallas al sistema excluso.
Funestos deseos de manicomio.
Felices momentos con el demonio.
Colorido fulgor patidifuso.
***
Una coraza amalgamada con drusas
mas él quería la real victoria 
de una existencia sin pena ni gloria
signada por felicidad profusa.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Chica intergaláctica

Dejó atrás la pequeña nave en la que había aterrizado, posó sus desnudos pies en el barro. Las cosquillas la inquietaron, y sonrió. El viento estremeció los árboles. Ella llegaba a un mundo que no conocía, sus ojos llenos de enorme vacío y su eterna infancia eran lo único con lo que contaba.
Memorizó, durante toda la tarde, nombres que no recordaría , jugó con los rayos del sol y durmió al pie de un nogal milenario. Cuando despertó, la noche terminaba de apoderarse del cielo. Estaba perdida. Lloró. Por un momento pensó que no lograría regresar jamás.
Suspiró y en un minuto regresó a la clase.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Lluvia

Mañana. Lluvia. Agua. Gotas. Nubes. Ventanas.
Barro. Paraguas. Grises. Frío. 
Luces. Sueño. Casas. Ventanas
Té. Fuego. Calor. 
Atardecer. Resfrío. Té. 
Sueño. 
Grises. Gotas. Lluvia. 
Estrellas. Ventanas. FELICIDAD.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Colores rutinarios

El sujeto gris caminaba preocupado sin dirección aparente, realmente no sabia a donde se dirigía. Una señora no lo distinguió en el cruento retrato de cemento urbano y tropezó con él, se pidieron disculpas mutuamente y cada uno marcho según su camino. En un bar anónimo, varios sujetos desteñidos ruñaban verbalmente sobre la vida y se herían unos a otros. No quiero ser como ellos. Más adelante, en una senda peatonal, una multitud globalizada se movía al unísono y compartían con sus amigos virtuales pensamientos. Pensamientos inteligentes, superficiales, comprometidos, innecesarios, sinceros, grises. Los superó y avanzó. Una señora mayor pedía limosnas en la vereda de una lujosa iglesia que permanecía cerrada para evitar saqueos. Las arrugas en el rostro de la mujer dibujaban el mapa de un laberinto sin salida. Suspiró, el grisáceo que lo caracterizaba estaba oscureciéndose. Entró en un edificio. Sutiles explosiones multicolores sacudieron su cuerpo. Un color vital inundó sus ojos y comenzó a destellar rayos de pálida alegría. Posó su mano en la manija y abrió la puerta. El proceso se aceleró, los colores se potenciaron y se dibujó en aquella cara indefinida una sonrisa. El sujeto ya no era gris, sólo era un hombre que volvía de su rutinario encierro laboral y estaba recobrándose. Era un hombre que vivía en la tortuosa situación de no abandonar la escala cromática por más de ocho horas al día. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

Lágrimas secas

Era la quinta botella de vodka que tomaba en la semana y no planeaba detenerse. Una especie de borrachera consciente la dominaba, la conducía y la acompañaba en su eterna soledad. Sus amigos no la habían comprendido ni un poco, y ahora ella estaba tirada, olvidada, enterrada, superada. Hacia el pasillo de aquel diminuto departamento, salía una melodía teñida de profundo dolor. La borracha está cantando otra vez decían algunos. Las simples palabras pronunciadas ya no eran suficiente, necesitaba cantar. Y como si alguien hubiera predicho que eso sucedería tarde o temprano, ella cantó para siempre.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Retrato

"La felicidad es un camino que se construye con amor, solidaridad, autoestima, empatía y asertividad" había leído Matilde el día anterior a su cumpleaños número quince. Alberto vendría a saludarla y ella debía confesarle que esperaba un hijo de él. Sabía que justo en ese momento comenzaba su debacle.
Pasos difuminados por toda la habitación. En medio de aquel desorden y entre tantas manchas de sangre, aún se mantenía en pie la foto familiar. Sin dudas el verano del noventa y cinco había sido el mejor, las sonrisas en sus rostros lo evidenciaban. Alberto había perdido el rumbo y su mujer no dudaba en reprochárselo. "Sos un inútil, un bueno para nada" le había gritado frente a sus tres hijos. La humillación era el escudo y el estandarte de la frígida mujer que nunca había complacido a su marido en la cama, y sin embargo había engendrado tres futuros idiotas y no escatimaba en insultos degradantes para con su esposo.

Como hijo mayor, Roberto, era el preferido de sus padres y por ende tenía permitido ser un fracaso en vida. En cambio Esteban, el segundo, cargaba con el peso de no ser querido, era ignorado casi por completo. Marta, la menor y la menos deseada de todos, era hábil para obtener lo que quisiera de su padre y no así de su madre. Podría decirse que la Sra. López y su hija se odiaban profundamente

La policía determinaba el perímetro de investigación en medio del living de los López. Unas cuantas marcas de manos sangrientas en la pared norte llamaron la atención del oficial. Tratar de reconstruir la escena de la tragedia le resultaba verdaderamente difícil. Uno de los bomberos que había acudido a brindar su ayuda, que ya nadie precisaba, se desmayó y debió ser atendido por el médico al tocar sin darse cuenta la cabeza de la Sra. López, la cual pendía del techo sobre la araña francesa del siglo quince. Era un gran enigma lo que allí había acontecido, si parecían una familia feliz y normal.


sábado, 15 de septiembre de 2012

Verbo copulativo

Era voluntariamente ciego y no veía.
Era el paralítico que caminaba.
Era indudablemente sordo y no oía.
Era el adicto abstemio.
Era asquerosamente egocéntrico y no se amaba.
Era el manco que tenía brazos.
Era impunemente conocedor y no hablaba.
Era el mudo que cantaba.
Era soberbiamente religioso y no creía.
Era el mendigo millonario.
Era ridículamente apasionado y no sentía.
Era el mentiroso que decía la verdad.
Era por naturaleza aquello que no había querido para sí.

lunes, 20 de agosto de 2012

1/2

Caminaban. Cuando por fin se cansaron, decidieron hacer una parada en el medio de la inmensa nada. Una nube cubrió completamente el cielo y los dejó a oscuras aún siendo de día. El viento comenzó a soplar. Era difícil determinar de donde provenía.
Llovía.
El miedo los invadió. No podían escapar ni tampoco recordar el motivo por el que se encontraban ahí. Solo sabían que tiempo atrás algo los había unido. No recordaban si se habían amado u odiado, pero no les importaba. Tenían todo el resto de sus insignificantes vidas para averiguarlo.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Flotando

Los brazos eran agitados frenéticamente en el aire. Los gritos nacían del más profundo rincón de las cuerdas vocales y se transformaban en eco, se reproducían. La coreografía montada por aquellos cincuenta y cinco extraños era majestuosa,  casi impecable. Los lentos movimientos invitaban a unirse al grupo.

Cinco minutos que parecieron durar una eternidad. Por fin cayó sobre una gran piedra el autobús que había desbarrancado de la autopista.

miércoles, 25 de julio de 2012

Vie

Los árboles se habían deshecho, los animales agonizaban en el suelo. Aquel río en el que había pasado su infancia estaba estancado y despedía un olor raro. Una masa espesa flotaba en el aire. Esa masa entre negra y gris, provenía de la fábrica "Vie" abierta cincuenta años atrás, el mismo día en él que nacía. A él le habría gustado tomar conciencia de lo que sucedía pero la fábrica había lanzado un nuevo celular y él debía comprarlo y aprender a usarlo.

lunes, 9 de julio de 2012

Mediodía



La sombra examinaba minuciosamente cada espacio dentro de aquella estructura deshabitada. Oscuridad, telarañas, cucarachas atrapadas, arañas ansiosas por matar. El lugar aunque inhóspito y severo, también evidenciaba restos de intrínsecos pensamientos que habían convivido con superfluas ideas. Ahora solo quedaban cadáveres que intentaban con el paso de los años esfumarse. Eran despojos que depuraban sus culpas trasmutando sus putrefactos pedazos en polvo. Etéreo polvo. Al fin de cuentas constituían las reminiscencias de viejos y dolorosos sentimientos.

El oscuro destellante de la sonora figura tropezó con un recuerdo. Vio con dificultad, a través del mismo, momentos adornados con símil felicidad. Levantó la vista y contempló que en la precaria sala la luz del sol se colaba por dos sucias y empañadas ventanas. Allá afuera un desorbitante mundo paralelo se erguía.

Un sujeto de tristes facciones que engullía una grasosa hamburguesa con prisa  recobró el sentido después de un profundo lapsus existencial. Terminaban sus quince minutos de almuerzo.

domingo, 6 de mayo de 2012

Desatino

Caminó ciento cincuenta y cinco kilómetros. Sus pies sangraron durante un par de días, luego solo se habituaron al deterioro diario que producía la caminata. Terminó por perder sus dedos. No sentía nada; el dolor no lo sucumbió.

Detenerse significaría morir. Alguien podía reconocerlo y tratar de capturarlo. No soportaba la idea de perder su preciada vida en manos de cualquier furibundo ignorante que marchaba en búsqueda de "justicia". Los rostros de aquellos energúmenos por los que había sacrificado todo se entremezclaban, y quería vomitar. Quería vomitarlos.

No comprendía, no entendía. Ni siquiera cabía en su prodigiosa mente como lo juzgaban de esa manera. ¿Cómo osaban siquiera levantar carteles y pancartas? ¿Atroz? ¿Desalmado? ¿Monstruo? ¿Sanguinario? ¿Repugnante? ¿Asesino? ¿Inhumano?. Falacias, puras falacias. Ciegos y desagradecidos. Necios todos.

Él era irrefutablemente un visionario que había elaborado leyes que sacarían de la ruina a su país y sin embargo  los incompetentes que lo elegían no las aceptaban. La crisis obligaba a eliminar la raíz del problema, y por esto mismo él proponía deshacerse de todos y cada uno de los habitantes, pero parecía que en realidad a nadie le agradaba tal solución.

miércoles, 4 de abril de 2012

Secuela

Se aproximó al borde del precipicio. Era la décima quinta vez que lo intentaba y sin embargo no conseguía morir. Su cuerpo dejaba ver unas cuantas heridas y hematomas, pero nada importante. El arrepentimiento la inundaba, quería volver el tiempo. Deseaba no haber deseado. Ahora la inmortalidad la agobiaba. Era la única. Había sobrevivido a todo. No hubo terremoto, tsunami o guerra nuclear que pudiera con ella. Las ruinas de una sociedad ya desaparecida eran su única compañía.

Cuando por fin cesaron sus intentos suicidas, se tranquilizó. Una inmensa sensación de alivió la recorrió. Vio una cucaracha caminar por el piso. Supo que no estaba sola. La oscura soledad se desvanecía y mientras la morfina actuaba en su cuerpo, ella dejó de sacudirse sobre aquella herrumbrada cama de hospital. Afuera el sol calentaba a los demás internos de psiquiátrico. 

domingo, 25 de marzo de 2012

Gorjeo

Un escalofrío atravesó su espina dorsal. Aún continuaba sin procesar aquello. Cada vez que se detenía a pensar en esos ciento ochenta y seis ojos que estaban expectantes de sus actos no lograba conciliar el sueño durante toda la noche. Se retorcía horrorizado, casi podía escuchar la sórdida respiración de aquellas extrañas noventa y tres narices. Se sentía inseguro. Resonaba en sus oídos el teclear de novecientos treinta dedos que buscaban de manera vehemente conocer su intimidad. Era una verdadera conspiración en su contra, tal vez querrían asesinarlo brutalmente para luego deshacerse del cuerpo en algún barranco. Jamás podría contra la fuerza de noventa y tres cerebros unidos en pos de su destrucción. ¿Quién podría contrarrestar a nueve mil trescientos millones de neuronas que pretendían fulminarlo? No les daría con el gusto, no les permitiría que fueran ellos quienes lo exterminaran. Tomó noventa y dos pastillas para dormir. No despertó nunca más. Sus noventa y tres infames seguidores de twitter nunca supieron sobre su muerte, es más nunca supieron quien era él.

lunes, 19 de marzo de 2012

Santo lenocinio

La estela de infelicidad que la había acompañado durante el transcurso de su pusilánime vida parecía agigantarse abismalmente. No tenía nada. No tenía a nadie. No supo que era un abrazo, una palabra amable o un buen trato hasta que lo conoció a él. Era según sus compañeras de trabajo "el raro", el que les pagaba por hablar y no por tener sexo. Era de los que valían la pena.

                                                                       †

Lloraba desconsoladamente mientras terminaba de quitarse la última de las arterías. Ahora solo le restaba sacar su corazón, ese músculo asqueroso gracias al cual seguía viva. Buscó un lugar en el freezer de su heladera y mientras lo hacía pensaba en aquél día en que el sacerdote del orfanato les había hablado de los pecadores y los pecados; recordaba con exactitud las facciones de la cara de ese horrible anciano en el momento en que gritaba desaforadamente que las prostitutas y los homosexuales se irían directamente al infierno, que eran una abominación a la vida. Terminó de guardar a ese maltratado órgano. No quería sentir como latía en su pecho nunca más.

                                                                      †

Le compró quince gramos a su dealer. Se dirigió al interior de su departamento. Se sentía defraudada de ese buen hombre que después de hablar un buen tiempo con ella la había abandonado por la nueva. También sentía repudio por aquél otro buen hombre religioso que vivía en una enorme iglesia de mármol rodeado de lujos y sin tener siquiera la más mínima idea de como sucedían las cosas allá afuera. Entró. No quería salir nunca más.

martes, 13 de marzo de 2012

Sincretismo

Un gusano de aproximadamente quince centímetros de longitud recorría su putrefacto cerebro desde hacía varios días. Había nacido allí, pero a diferencia de los demás, que lo habían abandonado apenas eclosionados, éste estaba radicado en el interior de su cráneo. Ya no tendría que soportar el encierro del ataúd en soledad.

Parecía un buen gusano. Claro que la compañía de su anélido amigo no era gratuita, a cambio él devoraba violentamente minuto a minuto sus células nerviosas.

Sus recuerdos se fueron
 desvaneciendo, y luego de un tiempo solo sabía su nombre.

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Una fría mañana de Junio notó que su ocupante había muerto. Volvía a estar solo en su mundo de mortajas. Paradójicamente.

Cuando ya no supo quién era a causa de su simbiótica relación con aquél gusano, el también murió. Se encontró muerto en la muerte. Era la nada ocupada por cientos de larvas.

martes, 28 de febrero de 2012

Bodas de Plata

El té se enfriaba lentamente sobre la mesa de roble que su suegra le había obsequiado el día de su casamiento. La misma le había dicho casi susurrando durante la cena que ese mueble sería lo único de valor que tendría en toda su vida, y que a pesar de la que la odiaba en lo más profundo de su ser por llevarse a Oscar, su hijo, estaba plenamente convencida que tarde o temprano su matrimonio acabaría. 

Susana aún recordaba ese momento y se le venía a la mente el recuerdo de su madre diciéndole antes de entrar a la iglesia que no lo hiciera, que aunque no quisiera reconocerlo "la sangre siempre tira".


En la vieja y destartalada fonola, herencia de su abuela, sonaba con más fuerza que nunca "El Danubio Azul"; y mientras tomaba un sorbo de té se movía al compás de la música. Parecía que no hubiesen pasado veinticinco años de aquél magistral vals con su marido, digno de la realeza europea. Esta imagen reemplazaba el mal momento que sus marginales parientes y amigos la habían hacho pasar en su propia fiesta de casamiento. Los odiaba.

Miró el reloj, el tiempo pasaba volando y tenía cosas que hacer. Limpió, cocinó, lustró muebles y pisos, y después de planchar se puso su par de guantes preferido, buscó un balde y un trapo. Ahora debía tratar de quitar las manchas de sangre que Oscar había hecho al caer luego de las 25 puñaladas que ella le había propinado. Le sonrió al cadáver y en voz alta le dijo: "Felices bodas de plata querido".

viernes, 17 de febrero de 2012

Sign out

Nadie iba a encontrarlos, era imposible hacerlo. Sus vidas habían permanecido ocultas por siglos, no porque ellos quisieran, si no porque el aislamiento que los rodeaba era tal que durante toda la existencia humana ni un solo ser vivo pudo entrar en aquél recóndito espacio que formaba parte del patrimonio de ese reducido grupo de hombres y mujeres.

Las teorías sobre como habían logrado establecerse allí no se podían contar con los dedos de manos y pies, solo sabían que sus antepasados eran los creadores de la inmensa telaraña que habitaban hoy, y que miles de siglos atrás durante la tercera guerra mundial unos pocos habían escapado creyendo que se acababa la vida en la tierra. Ellos no supieron que las cosas en el planeta habían mejorado y que ya no quedaban vestigios de tal enfrentamiento. Comenzaba una nueva etapa.

Para resguardar su mundo, uno de ellos cerró sesión. Nadie podría encontrarlos inmersos en la red.