La sombra examinaba
minuciosamente cada espacio dentro de aquella estructura deshabitada.
Oscuridad, telarañas, cucarachas atrapadas, arañas ansiosas por matar. El
lugar aunque inhóspito y severo, también evidenciaba restos de intrínsecos pensamientos
que habían convivido con superfluas ideas. Ahora solo
quedaban cadáveres que intentaban con el paso de los años esfumarse.
Eran despojos que depuraban sus culpas trasmutando sus putrefactos pedazos en
polvo. Etéreo polvo. Al fin de cuentas constituían las reminiscencias de viejos y dolorosos
sentimientos.
El oscuro destellante de la sonora figura tropezó con un recuerdo. Vio con dificultad, a través del
mismo, momentos adornados con símil felicidad. Levantó la vista y
contempló que en la precaria sala la luz del sol se colaba por
dos sucias y empañadas ventanas. Allá afuera un desorbitante mundo
paralelo se erguía.
Un sujeto de tristes
facciones que engullía una grasosa hamburguesa con prisa recobró el
sentido después de un profundo lapsus existencial. Terminaban sus quince
minutos de almuerzo.
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