Atardecía. En el centro de salud mental los
pacientes eran llevados a sus respectivas habitaciones, y una vez allí cada uno
recibía su dosis de libertad diaria. Él y ella eran de los primeros pobladores
del loquero, eran una leyenda, una leyenda medio viva, una leyenda medio
muerta. Los mitos sobre el porqué estaban internados eran tantos que nadie
podía recordarlos, unos creían que aquellos en un arrebato de locura habían
ahogado a sus respectivos padres, otros suponían que habían nacido locos, unos
pocos se mantenían al margen y solamente eran testigos de los que hablaban.
También había circulado una apócrifa versión que aseguraba que su desquicio se
debía en gran medida a su quijotesca afición por la lectura de libros sobre
vida extraterrestre. Ninguna de las teorías era comprobable.
Un sueño revelador los había anoticiado sobre
la gran catástrofe. Ellos salieron desaforados en medio de la noche a
comunicárselo al resto de la humanidad, y eso les costó tres su internación en
un paupérrimo neuropsiquiátrico. Hubieran podido simplemente ignorar aquella
visión, o podrían habérsela guardado sólo para ellos, pero su sentido de
solidaridad era aun más fuerte que la marea y no les permitía dormir en paz
sabiendo lo que pronto sucedería.
Volverían a intentarlo, tratarían. Si iban a
avisarle al mundo tenían que encontrar la forma de que no volvieran a
encerrarlos creyéndolos locos. No podían permitirlo. Desde su nacimiento habían
sido etiquetados como los raros.
Cuando ellos lograron superar la
seguridad del hospital ya era tarde. El cielo se oscureció en pocos segundos,
un viento que no era familiar comenzó a soplar. No estaba anunciado ningún
eclipse solar, menos uno lunar. Cantidades exorbitantes de lechuzas invadieron
el espacio, y se ubicaban en las esquinas como monitoreando la
situación. En el interior del hospital de psiquiatría, dos cuestionados amigos
se miraron con regocijo, sabían que después de tanto anunciarlo por fin
sucedía, los extraterrestre venían a conquistarlos. ¿Qué iban a hacer con todas
las ediciones de diarios, revistas y páginas web que en tono burlón habían
defenestrado a aquellos dos visionarios?
Enormes jaulas intergalácticas
bajaron desde un enorme agujero metálico, y abrieron sus puertas de par en par
para recibir en su interior a la nueva especie que inauguraría la próxima
temporada de caza. Para sorpresa de todos la piel de los paseadores de perros
inició un rápido proceso de desintegración, dejando al descubierto espectros
verdosos que se pusieron al mando de la invasión, y con un mensaje telepático
las lechuzas levantaron vuelo lanzando por sus picos ondas expansivas que
penetraban en los frágiles cerebros humanos, instándolos a entrar
mecánicamente en sus nuevos calabozos.
La colonización había comenzado
oficialmente, y después de tantos años de opresión y odio injustificado,
después de haber cargado en sus alas con el peso de determinar el hado de los
hombres, las lechuzas, en colaboración con algún Cristóbal Colón de otra
galaxia, se deshacían de los humanos. La Tierra estaba en alquiler nuevamente.