miércoles, 11 de septiembre de 2013

Días de perros

En cada cuadra se detenía y esperaba, en su imaginación volvían a buscarlo, lo abrazaban y era feliz nuevamente. La transpiración le caía por todos lados, frente, espalda, axilas y manos empapadas. Eso sí, de su rostro ni una gota se asomaba. Caminó unos cuantos metros más y sin fuerzas para continuar se dejó caer, y quiso llorar, quiso gritar tan fuerte como pudiese, pero no pudo ni lo uno ni lo otro. Un gran espacio vacío ocupaba el lugar en donde debería estar su cara. El hombre sin rostro quedó desparramado en el piso, sucio, transpirado y sin nadie que lo quisiera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario