Esa mañana se levantó decidido,
con extrema precaución
la mano en el esternón metió
y sangrando y latiendo,
arrancó su corazón.
Ríos de sangre el piso mancharon,
las funciones vitales rápido
se apagaron.
Pálido su cadáver caminando
continuó.
Cabeza, piernas, brazos y tronco
casi sin movimientos,
atrofiados,
hasta la puerta llegaron,
y con un golpe seco,
y con el músculo en mano,
del amor ingrato
se despojaron.
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