Irina sentía una tristeza inmensa,
quería llorar, correr, desaparecer.
Quería sentirse feliz por un segundo,
quería no sentirse atada,
volar.
Esa tarde salió temprano de trabajar,
y como no tenía bicicleta, volvió a su
casa caminando. El viento sur se la llevó.
Entre hojas y bolsas, Irina se esfumó.
Ahora es libre, es del viento.
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