Un mundo rojo en su totalidad, que albergaba gente incolora. Personas normales que no se contaminaban de perversos colores, sólo los desgraciados contracorrentistas recibían a modo de castigo puntos en sus incoloras pieles. Esos puntos comenzaban a expandirse lentamente y terminaban por colorearlos. Los infectados eran eliminados. Fulminados. Prefiero ser ejecutado por estas manchas que me brotan que vivir siendo invisible, declaró uno antes de ser quemado en la plaza pública.
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