Casi veinte años después del último y
funesto encuentro, volvían a verse. Los años habían dejado claras huellas en
sus rostros. Arrugas, manchas, olvidos, remordimientos y odios eran
los causantes de tal erosión en sus caras y sentimientos. La calle, ahora
iluminada de manera acertada, ya no permitía encuentros en las sombras
nocturnas. El progreso ocultaba la antigua fisonomía del lugar.
Se mantenían en silencio, ninguno se sentía capaz de iniciar la conversación. Se contemplaron por más de una hora, y sin pronunciar palabra alguna se marcharon en direcciones opuestas. En lo profundo de sus reflexiones se arrepentían de no haberse elegido a tiempo.
Se mantenían en silencio, ninguno se sentía capaz de iniciar la conversación. Se contemplaron por más de una hora, y sin pronunciar palabra alguna se marcharon en direcciones opuestas. En lo profundo de sus reflexiones se arrepentían de no haberse elegido a tiempo.
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