martes, 29 de enero de 2013

IQ


La vereda mojada atestiguaba el intempestivo paso de una tormenta de poca monta. Un grupo de ancianos salía a regocijarse, a sentirse vivos aunque sea unos minutos más, y una brisa pegajosa abrazaba a todos por igual. Hacía casi un año que ellos ya no se frecuentaban y en estos días era inevitable recordar. Lágrimas en vano, mentiras, cuasi promesas, gritos, indiferencia, desamor como resultado. París habría solucionado sus problemas, pero él era un muerto de hambre que no podía costear el viaje. Si tan solo hubiera escuchado a su madre cuando se lo repetía diariamente.
El ambiente pseudo liberal de la universidad había funcionado perfectamente como imán para los dos. Marcaron sus pieles, se descubrieron y se exploraron. También cancelaron el desarrollo de un feto, la vida les prometía demasiado. Bailaron, tomaron y fumaron de a dos, nada se le comparaba. Tu inteligencia me enamora, le había dicho ella. Él se sentía omnipotente, el más afortunado. Cuando ella lo abandonó por el profesor de filosofía, él recapacitó y notó que había alguien aun más inteligente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario