Dejó atrás la pequeña nave en la que había aterrizado, posó sus desnudos pies en el barro. Las cosquillas la inquietaron, y sonrió. El viento estremeció los árboles. Ella llegaba a un mundo que no conocía, sus ojos llenos de enorme vacío y su eterna infancia eran lo único con lo que contaba.
Memorizó, durante toda la tarde, nombres que no recordaría , jugó con los rayos del sol y durmió al pie de un nogal milenario. Cuando despertó, la noche terminaba de apoderarse del cielo. Estaba perdida. Lloró. Por un momento pensó que no lograría regresar jamás.
Suspiró y en un minuto regresó a la clase.
No hay comentarios:
Publicar un comentario