miércoles, 4 de abril de 2012

Secuela

Se aproximó al borde del precipicio. Era la décima quinta vez que lo intentaba y sin embargo no conseguía morir. Su cuerpo dejaba ver unas cuantas heridas y hematomas, pero nada importante. El arrepentimiento la inundaba, quería volver el tiempo. Deseaba no haber deseado. Ahora la inmortalidad la agobiaba. Era la única. Había sobrevivido a todo. No hubo terremoto, tsunami o guerra nuclear que pudiera con ella. Las ruinas de una sociedad ya desaparecida eran su única compañía.

Cuando por fin cesaron sus intentos suicidas, se tranquilizó. Una inmensa sensación de alivió la recorrió. Vio una cucaracha caminar por el piso. Supo que no estaba sola. La oscura soledad se desvanecía y mientras la morfina actuaba en su cuerpo, ella dejó de sacudirse sobre aquella herrumbrada cama de hospital. Afuera el sol calentaba a los demás internos de psiquiátrico. 

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