Nadie iba a encontrarlos, era imposible hacerlo. Sus vidas habían permanecido ocultas por siglos, no porque ellos quisieran, si no porque el aislamiento que los rodeaba era tal que durante toda la existencia humana ni un solo ser vivo pudo entrar en aquél recóndito espacio que formaba parte del patrimonio de ese reducido grupo de hombres y mujeres.
Las teorías sobre como habían logrado establecerse allí no se podían contar con los dedos de manos y pies, solo sabían que sus antepasados eran los creadores de la inmensa telaraña que habitaban hoy, y que miles de siglos atrás durante la tercera guerra mundial unos pocos habían escapado creyendo que se acababa la vida en la tierra. Ellos no supieron que las cosas en el planeta habían mejorado y que ya no quedaban vestigios de tal enfrentamiento. Comenzaba una nueva etapa.
Para resguardar su mundo, uno de ellos cerró sesión. Nadie podría encontrarlos inmersos en la red.
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