miércoles, 10 de abril de 2013

Hambre

Moscas,
larvas,
Carne en descomposición.
Ahí estaba el cadáver escuálido, 
tirado en el piso de la cocina. 
Blanco,
profundamente blanco. 
Consumido,
enjuto, 
tieso, 
sólo huesos,
un montículo putrefacto. 
En la pared, 
frente a la heladera vacía, 
había escrito antes de caer de bruces al suelo

“prefiero morir de hambre que volver a engordar”

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